Hace bastante tiempo que no escribo, así como también todo el mundo me pregunta "como va lo tuyo". La verdad es que no se qué decir ya. La situacón en China va muy despacio, y aunque va avanzando yo aún veo muy lejano el día en que pueda abrazar a mi pequeña. Eso es uno de los motivos que nos hicieron plantearnos Abrir el segundo expediente de adopción a Vietnam. Han pasado dos años y medio desde que registraron nuestro expediente en China, cuatro años desde que comenzamos nuestra andadura para ser padres, y en ese interín, hemos tenido que renovar nuestro certificado de idoneidad, algo que nadie esperaba tener que hacer cuando empezamos.
En todo ese tiempo, hemos tenido que ver como todas nuestras amistades, nuestra familia, iban teniendo hijos, y mientras nosotros, con todas estas trabas burocráticas para poder alcanzar nuestro sueño. Pero ahí estamos. Hemos decidido que de alguna manera, seremos padres. Y si para ello, tenemos que optar por otro país, pues será que nuestra mariquita de la suerte está llevando nuestro hijo rojo más al sur.
A pesar de eso, nuestro desánimo está ahí, acechando, y por ello, hace tiempo que no entro, ni leo ninguna noticia sobre el estado de las adopciones de todos estos compañeros del hijo rojo.
Hoy he entrado y he visto con alegría que Juan y Helena ya están viajando para encontrarse con su pequeño Miguel, y además de alegrarnos lo indecible por ellos, no he podido evitar una punzada de envidia por haber alcanzado su meta.
A mi aun me queda, pero mientras, voy llenando mi tiempo y mi mente en otras ilusiones, buscando y preparando tu cuarto, eligiendo tu dormitorio, tus juguetes.
Esto no es una reflexión de pesar, sino un momento de desahogo. Como todos en algún momento, necesitamos parar para coger impulso para continuar. Y este es mi momento. Voy a seguir adelante. No me rindo. Mi pequeño vendrá de Vietnam o de China, da igual, pero vendrá. Eso es lo más importante. Te espero pequeña princesa. Te espero pequeño príncipe.
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