Ha terminado otro año.
Otro año más esperando que llegue nuestro tesoro.
Un año más sin saber si será el último o no. Porque mal que nos pese, los cálculos que hacemos sobre probabilidades de cuando seremos asignados, se nos eternizan. Y para eso, casi mejor no pensar, ni calcular ni nada, porque entonces la esperanza recibe un mazazo.
Otro año más sin que tengamos noticias de Vietnam, ni si se mueve ni si no se mueve, con nuestro expediente a las puertas de que sea registrado.
Un año más en el que China sigue asignando, mes a mes, pero con pasitos tan cortos que una distancia tan corta se alarga indefinidamente.
Pero aquí seguimos.
Hemos tenido que volver a renovar el Certificado de Idoneidad. Otros tres años más que esperamos sean los últimos.
Ha terminado un año, nefasto en muchos aspectos para muchas personas, pero que gracias a Dios tenemos que agradecer que no nos haya afectado más que de soslayo. Seguimos aquí, esperando día a día, y renovando con el nuevo año, otra vez, el deseo de que este año que comienza sea por fin el año en el que, al menos, nos llegue la asignación de nuestro tesoro.
Esperemos que para el año que viene, por estas mismas fechas, podamos decir y presentar al nuevo miembro de la familia.
1 de enero de 2013
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